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Hacer un paseo en un territorio, paraje o sitio implica prestar atención a los sonidos, internos o externos, es como poner a prueba la emoción que abordas en ese momento llevándote a reflexionar y estar consciente de donde estás, en qué lugar, desplegando un sinfín de preguntas que apelan a la sensibilidad de cada persona, preguntas que nos hacen entender una realidad y concibiéndonos parte de ella. 

El Parque de la Memoria, es un lugar con una carga histórica muy fuerte donde nos dimos cuenta que era importante interactuar con las esculturas expuestas y extraer de ellas sonidos que pudieran representar la identidad de su paisaje, el mismo que a la vez brindaba un escenario de calma y serenidad. Los sonidos de los pájaros permitían rastrear el territorio enfrentado, a saber, una zona costera, el golpe del viento en la ropa, y los gritos de los niños jugando a lo lejos, permitieron acomodar un colchón donde cualquier sonido podría reposar. Por consiguiente ya estaban atrapados nuestros sentidos, es como que automáticamente sin pensar de como empezar hacer un ejercicio, tu cuerpo llevado por los sentidos, naturalmente te exige ese momento de experimentación donde la convertimos en una obra fusionando los diferentes lenguajes artísticos combinados (sonoro, visual y corporal).


Ahora ya inmersos en todo este paisaje sonoro, identificamos que es un espacio donde prima el silencio, y exige la contemplación de las obras en homenaje a las víctimas de la Dictadura en Argentina. Es aquí donde empezamos hacer el ejercicio de la práctica de la escucha profunda, basada en los principios de Pauline Oliveros que ha desempeñado un papel fundamental en esta exploración auditiva. A través de la atención plena y receptiva hacia los sonidos presentes en el entorno, hemos logrado conectarnos de manera más profunda con las obras de arte y la memoria colectiva de las víctimas del terrorismo de Estado en Argentina. 


La experiencia de producir el mapa sonoro del Parque de la Memoria ha permitido una conexión reflexiva con el espacio y la producción artística.


La interacción con las esculturas y la extracción de sonidos nos ha brindado la oportunidad de reflexionar y contemplar las obras a través de su materialidad sonora. La práctica de la escucha profunda nos ha permitido explorar los detalles y las sutilezas de los sonidos, descubriendo las capas y los matices ocultos en el paisaje sonoro, cada uno con una condición auditiva diferente de acuerdo a su sensibilidad física y sensorial; yo veo colores! dijo una, mientras que otro se preguntaba ¿Cómo dar ese giro de tuerca? ¿Cómo convertir un suceso traumático en un soplo de vida? Las preguntas llegaban solas, y sus respuestas se daban en la marcha. Un loop de sonidos acuáticos, para quien su sentido de la escucha, vibra en sintonía de la música, otros expresando su comodidad con ese sonido del ambiente natural, con el viento que proporciona el espacio abierto del parque, los pájaros y la vegetación seca del del fin de la estación otoñal, sonidos clave y sonidos de fondo Desde la perspectiva de R. Murray Schafer, quien enfatiza la importancia de educar y crear conciencia sobre el sonido y el paisaje sonoro.


El concepto de paisaje sonoro nos ayuda a comprender la identidad acústica del Parque de la Memoria, estos sonidos capturaron nuestra atención transmitiéndonos respeto y preservación a la memoria de las víctimas de la dictadura.


La creación del mapa sonoro del Parque de la Memoria ha contribuido a este objetivo al permitirnos una experiencia inmersiva y consciente de este territorio.

Bibliografía

Schafer, R. M. (2004). El paisaje sonoro y la sintonía del mundo. Gedisa.
Schafer, R. M. (1994). El mundo del Sonido. Los sonidos del mundo. Alianza Editorial.
Oliveros, P. (2005). Escucha profundo. Deep Listening Publications.

 

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