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A la vida lo que es de la vida. A la muerte ¿todo lo demás? Esperar después de un adiós. Hay despedidas premeditadas; despedidas de facto, de unas horas, de unos días, de meses o años. Despedidas para siempre. ¿Qué nos queda cuando el para siempre nunca llega? ¿Cuántos soles duran las despedidas no enunciadas? Pueden ser miles o millones. ¿Quién espera desespera?, quien no espera nada ¿lo perdió todo? 
Veranos, inviernos. Solsticios y eclipses. Llantos de madrugada, sollozos al atardecer y las plumas del cóndor se mancharon de hollín, de nafta y manteca. Los ríos y montañas de América Latina vieron caer de los cielos los cuerpos de (…), de (…) y como olvidarnos de (…). Y así, ¿olvidarnos?


Para mañana se hizo tarde, y el día paso corriendo. Un amplio campo alberga el recuerdo de los miles y cientos de gritos no escuchados. Metáforas de la ausencia situadas frente al rio de la plata dan cuenta de la espesa y malograda naturaleza humana que en aras de preservarse se destruye a sí misma. 


El sentimiento de ironía me invadió al indicarle la parada del bondi a varios colectiveros cuando les exprese ir al parque de la memoria que con mala cara respondían no conocer de su existencia. Tras confundirlos y confundirme llegue y note u agridulce silencio acompañado de un paisaje hermoso que golpeaba mis oídos con el susurrar de los fuertes vientos porteños. Un terreno amplio organizado por el recorrido de diferentes esculturas no tenía la pinta de un museo cualquiera. Este salón de exposición, aunque no tenía techo tenía un muro que murmuraba los nombres de tantas y tantas personas que resultaba una tarea titánica poder pronunciarlos cada uno sin imaginar las decenas de familiares que tras casi la mitad de un siglo siguen con la esperanza de que esa estrella vuelva a brillar.


Captar la ausencia. Un nombre poético para una labor que escarba en lo más profundo de la identidad latinoamericana. Cada escultura emplazada en el parque de la memoria contempla la violencia, el genocidio sistemático, la rudeza del poder y el desasosiego de las víctimas. Pese a que la tarea de captar los sonidos de cada una de las esculturas era necesaria para llevar a cabo la consigna de un trabajo académico los sentimientos de desconcertación por la crueldad de los vejámenes a los que hacían alusión las obras escultóricas eran más pesadas conforme investigábamos los motivos que inspiraron la creatividad de los artistas que dejaron su obra como testimonio de la dictadura.
La noche llego y no paraba de pensar en el silencio, en los golpes que lo transformaron en clips de sonido y de qué forma íbamos a transformar todas las penas y los crímenes de lesa humanidad en un paisaje sonoro. Resultaba ser una responsabilidad gigantesca, que sobrepasaba a la academia y nos colocaba en un sitio donde la creatividad y el devenir del arte habría de transformar toda esa tristeza e indignación en algo más teniendo como punto de partida la responsabilidad y el respeto que merece la memoria de las víctimas. Lo que menos quería era transmitir más tristeza, pues recordé un viejo dicho que rezaba “hasta la tristeza se baila". Más tarde supe que se era una frase que se le atribuyo a Borges, pero en realidad el primero en expresarla fue Enrique Santos Discépolo. La discusión recaía sobre los sentimientos que generaba el tango, una música llena de melancolía y nostalgia, de remembranzas y anhelos del pasado que se ve interesantemente acompañada por movimientos corporales delicados, violentos y dramáticos que crean una atmosfera extraña, pues puede ser tan festiva como tristona, sin embargo, alude a una verdad absoluta e innegable, la tristeza al ser un sentimiento mueve los cuerpos, genera más sentimientos de los que podamos clasificar. En efecto, la tristeza también se baila.


La pregunta ahora fue ¿Cómo dar ese giro de tuerca? ¿Cómo convertir un suceso traumático en un soplo de vida? Las preguntas llegaban solas, y sus respuestas se daban en la marcha. Un loop de sonidos acuáticos brindaba un escenario de calma y serenidad. Los sonidos de los pájaros permitían rastrear el territorio enfrentado, a saber, una zona costera. El golpe del viento en la ropa, y los gritos de los niños jugando a lo lejos permitieron acomodar un colchón donde cualquier sonido podría reposar. No me permití utilizar sonidos diferentes a los captados pues el reto personal era crear una composición amena que incluyera solamente los registros sonoros del parque de la memoria. Siendo así las reglas del juego me propuse acompañar la superficie acuática con el sonido de los golpes en el metal profundo de las esculturas, encontrando sonidos con frecuencias bajas, percusiones y sonidos de ambiente que permitieron crear una especie de batería amorfa capaz de dar un contexto rítmico a la composición. Pese al hecho de tener casi todos los instrumentos preparados fue difícil definir un patrón rítmico que acompañara el sonido del viento, las ambulancias que corrían con urgencia, y las piedras que chocaban unas con otras en una escultura hermosa que se asemejaba a una fuente. 


Prueba y error. Siempre tuve en mente poder crear un paisaje sonoro que se viera acompañado de un ritmo diferente, sin embargo, eso fue lo más difícil. Al final la melodía creada por el loop repetitivo me llevo a percusionar los sonidos de forma natural, casi sin pensarlo, en una especie de batucada que muchos consideraron que sonaba con una influencia de música urbana contemporánea. Puede ser un reggaetón, un dancehall, ¿una soka tal vez? No lo se. Al final, fue casi automático. Tal vez es algo recurrente en las composiciones musicales y el arte en general. Cuando buscas algo puede que no lo encuentres, aunque lo fuerces. A veces la mejor forma es cerrar los ojos y dejarse llevar por el sentimiento del momento. Hay fórmulas que funcionan muy bien, pero el azar juega con las pulsiones dando como resultado un movimiento. Al ver el resultado de la pieza vinieron mil dudas. ¿Sera una falta de respeto? ¿Estaré jugando con algo que no entiendo? Sin embargo, pensé en las palabras que dije en el funeral de mi abuela, viendo a la familia llorar en un ambiente total de tristeza que no quería permitir que me invadiera pues ella nunca en su vida me demostró eso. “Recordémosla feliz como siempre estuvo. De nada vale llorar si nunca en la vida la vimos a ella estar así. Sus lágrimas siempre fueron de felicidad, pero nunca de tristeza, era una mujer bastante fuerte.” Tal vez ese recuerdo me hizo tener el valor de lanzarme al abismo al sostener que recordar es celebrar y celebrar es resistir. 
“Por nuestros muertos ni un minuto de silencio, toda una vida de combate”  
Mas que una composición sonora quisimos hacer alusión al modo en que solemos recordar la ausencia de un ser querido. La memoria colectiva se alimenta con los homenajes y manifestaciones que nos permiten dar una vista al pasado para no cometer los mismos errores. El olvido es uno de ellos. No se muere quien se va, solo muere quien se olvida. Con el mayor de los afectos y empatía no slo pretendemos generar un recuerdo de las víctimas del genocidio latinoamericano, en específico, de las víctimas de la dictadura argentina, más bien queremos que se les recuerde de la forma en que cualquier persona merece vivir. De forma alegre.

“Me llaman el desaparecido
Que cuando llega ya se ha ido
Volando vengo, volando voy
Deprisa deprisa a rumbo perdido
Cuando me buscan nunca estoy
Cuando me encuentran yo no soy
El que está enfrente porque ya
Me fui corriendo más allá”

Producción musical

© 2035 por Pedro Castro. Orgulhosamente criado com Wix.com

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